Estas mujeres con personalidad propia, seguras, originales e imponentes, harán que te olvides pronto de Madonna y Lady Gaga.

Grace Jones

Supermodelo, diva y símbolo de la música disco. Su figura esbelta, musculosa, de piel oscura, tan distinta del estándar occidental de belleza, y sin embargo, hipnotiza a todo aquel que la recuerda.

Fue musa de Andy Warhol, colaboró con Keith Haring, quien pintó su piel convirtiéndola en una obra de arte viva. Fue Zula, la guerrera de Conan el Destructor (1984). Se desnudó en 1985 y 1987 para la revista Playboy. En 1985, con el personaje de May Day, se convirtió en una de las chicas Bond más impactantes de la historia.


Betty Davis

Fogosa, feroz e imponente. Apareció Betty Davis a principio de los 70 cantando en baby doll sobre cuestiones sexuales y el acoso que sufrían las mujeres en la industria musical. Se impuso en el medio a pesar de ser tiempos en que las “chicas malas” no eran bien vistas.

Estuvo casada durante un año con Miles Davis -figura emblemática del jazz- fue ella quien lo presentó con Jimi Hendrix y Sly Stone. Después de su separación, ella grabó tres poderosos álbumes de funk, mismo que fue vetado en todas las radios. Sus presentaciones atrevidas y escandalosas, fueron boicoteadas varias veces por fanáticos religiosos negros que entonaban coros y llamaban ramera a la cantante. Su carrera fue casi subterránea, sin duda, una mujer adelantada a su época.


Lydia Lunch

Inspiradora de la estética gótica original, Lunch –quien fue nombrada así porque solía robar comida para sus amigos- ha trabajado con Sonic Youth y Nick Cave. Ha sido una voz en medio de lo clandestino en Nueva York, donde surgió a finales de los 70 como parte del movimiento no wave. Una cantante, poeta, actriz y artista visual que en varios momentos de su carrera ha estado incluso sin hogar.

Fundó Teenage Jesus y Jerks. Formó parte de la escena no wave, una alternativa cruda y ruidosa encabezada por bandas como Talking Heads y Blondie. Su inolvidable voz cantó el Death Valley de Sonic Youth 69. Su libro de 1997 Paradoja:  El Diario de un depredador, detalla su uso excesivo de sustancias, un padre abusivo y sus tendencias sexualmente dominantes.

En palabras de Lunch: “Sólo soy un escritor, sólo uso la música como una ametralladora para transmitir las palabras”.

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