Los creadores del heavy metal se despiden de México con un concierto inolvidable en el Foro Sol, donde dejan claro que son los jefes de jefes del metal

bs-cdmx2“Hasta parece que está cantando Ozzy”, me dijo un sexagenario despistado.

Señor, está cantando Ozzy Osbourne– respondí al tiempo que brindaba con él con cerveza en vaso conmemorativo.

¿De veras? ¡Increíble! – fue su respuesta.

El “ñor”, cuyo nombre no importa, ajeno al internet y a la vida “moderna”; sólo recuerda sus tiempos de juventud cuando, al amparo de la marihuana, una caguama Carta Blanca y LSD escuchó por primera vez a Black Sabbath.

Suenan igualitos– es su conclusión y es un juicio que vale la pena tomar en cuenta. Él sabe.

Y sí – maldita sea- el trío de vejestorios, junto con su novel adición Tommy  Clufetos en la batería, trepados en el escenario suenan exactamente, siniestramente, igualito, que ese disco lanzado en acetato el 13 de febrero de 1970 que cambió para siempre la música.

Porque aquel que pretenda negar la trascendencia de Black Sabbath en la música contemporánea es iluso, ignorante o sordo. Estos cuatro tipos (el baterista Bill Ward ha sido excluido de esta despedida) que ayer dijeron adiós a México en el Foro Sol transformaron por completo  -tal vez igual que The Beatles- la música y a la fecha escuchamos todos los días sus repercusiones.

¿Alguien podría imaginar en la actualidad a un guitarrista que no use distorsionador y acordes de poder?

Imposible.

Imagen compartida por Black Sabbath donde se muestra a los presentes en el Foro Sol.

Imagen compartida por Black Sabbath donde se muestra a los presentes en el Foro Sol.

El sonido que Black Sabbath inventó a partir de la carencia física de su guitarrista Tony Iommi, quien al perder la punta de sus dedos se las tuvo que arreglar para seguir tocando implantándose prótesis, bajando medio tono a la guitarra (aflojando las cuerdas, pues, para no lastimarse) y usando intervalos primitivos, elementales, de quintas… sí ese sonido surgido del barrio industrial de Birmingham, lo escuchamos todos los días en la radio en las voces de los artistas más pop entre los pop.

Black Sabbath inventó lo que conocemos como heavy metal, pero, más allá de ello transformó la música pop añadiendo el sentido del power beat y las líricas paganas o francamente inclinadas hacia el lado oscuro, hacia ese lado oscuro tan temido, tan desconocido y tan deseado, pero, sobre todo, el señor Iommi brindó al mundo un sonido poderoso, distorsionado y elocuente del cual no puede prescindir ningún guitarrista en la actualidad… salvo que toque jazz.

EL PRINCIPIO DEL FIN

Luego de una dignísima apertura a cargo de los californianos Rival Sons, quienes impregnaron la atmósfera con una esencia bluesera, ledzeppeliana, comenzó el principio del fin.

Como en el inicio de los tiempos, la lluvia cae (sólo en sonidos, porque Tláloc fue benévolo y desapareció las nubes que tan sólo horas antes se derramaban sobre la Ciudad de México), los truenos se escuchan y el temible tritono hace su aparición. Sí., ese intervalo proscrito por la Iglesia, considerado como “diabólico” y prohibido en toda la música, suena en los cuatro dedos y medio de Tony Iommi. Black Sabbath, la canción, el disco, el grupo. Todo es lo mismo.

Hipnotizados, 50 mil cuerpos se mecen al compás lento, sórdido, abominable, profundo, ominoso, eterno, encantador, de la primera canción del primer disco del primer grupo de heavy metal (sin saberlo) de la historia.

Black Sabbath en plenitud. Ozzy en su punto, como siempre, sin ser el más grande cantante nadie canta como él, aunque el sentido común no alcance a comprender cómo ha sobrevivido a décadas de excesos: Iommi, perfecto, maestro de maestros, limpísimo en su ejecución, poderoso en su presencia; Geezer Buttler (el genio menospreciado), machacante, tremendo, inamovible, como desde hace 46 años.

¿Las canciones? todas exactamente interpretadas, nota por nota, silencio por silencio, disonancia por disonancia, Sí señores, el heavy metal no es “ruido” como nos han querido hacer creer por generaciones, es música… y de altísima calidad.

Fairies Wear Boots, After Forever, Into the Void, Snowblind, War Pigs (¡oh my God!),

N.I.B., Rat Salad…  el solo impresionante del baterista Clufetos y el bombo penetrante, acompasado, cadencioso de Iron Man. ¿Quién puede resistirse a este imbatible riff?

bs-cdmx3Dirty Women, Children of the Grave y Paranoid… Sí, tal vez muchísimas personas vinieron a este concierto por esta última, la más conocida en el ámbito pop, pero los verdaderos amantes de la música, los auténticos soldados del metal sabemos que esta canción es la cereza del pastel, el último bocado del más delicioso banquete que podremos degustar.

Porque Black Sabbath no es una banda satánica como ellos mismos han pretendido, no son la encarnación del diablo, como se han promovido. Son la agrupación que un buen día decidió hacer “música para espantar” y que a 46 años de esa ocurrencia han espantado a millones de personas en el mundo, han transformado la manera de concebir la música y han vencido al peor de los enemigos: el tiempo.

Dios bendiga a Black Sabbath y que el diablo se olvide de ellos… porque no le pertenecen.

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