¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?

Chava Flores

Jamás fue un malinchista, pero sin duda pocos hablaban sobre la realidad del mexicano como lo hacía Chava Flores.

Intérprete, compositor, cronista y un completo chambitas multiusos -graduado de las ciencias de la ferretería, la sastrería, la vendimia de a pie, entre otras-; si hubo un mexicano que no solo debería ser icono nacional, sino también una celebridad de la talla del mismo Pedro Infante, ese fue don Salvador Flores Rivera, mejor conocido por los cuates como Chava Flores.

¿Qué tenía Chava Flores que no tuvieron la mayoría de sus contemporáneos? Muy sencillo: Su talento genuino para componer y cantar la verdadera cara de un México anacrónico, un México que no se va y que está vigente desde hace más de medio siglo; cosa que nada tenía que ver con los mustios que aún le cantaban a una penca de maguey -a la misma que le grabé tu nombre, ingrata-. Podría decirse que él fue, y sigue siendo, la voz de la capirucha y de toda la plaga que la habitamos.

Este hombre, oriundo del Barrio de La Merced y nacido el lejano 14 de enero de 1920, le debió a sus múltiples empleos la inspiración que plasmó en su obra a partir del momento en que la RCA Victor le produjo sus primeros éxitos, canciones como “Dos Horas de Balazos” y “Las Tertulias”, en el lejano 1952. Después de eso se hizo famoso en todo el continente americano y se dedicó a presentarse en carpas y cabarets.

Jamás fue un malinchista, al contrario, en sus canciones no se escuchan más que situaciones que son el pan de cada día en el país. Su música está llena de humor, albur, doble sentido (no confundir con albur) y una jerga muy local, condimentada con salsita verde de molcajete, cebolla finamente picada y cilantro de a montón.

Se conocen alrededor de 80 canciones escritas por él, pero no solo Chava las cantó, también fueron interpretadas por artistas como Tin Tán, Pedro Infante, José Alfredo Jiménez, Miguel Aceves Mejía, entre muchos otros.

Llegó incluso a actuar en ocho películas, entre las que se encuentran “La esquina de mi barrio” y “¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?” -cintas que pocos, o casi nadie, conoce o recuerda-. Después de su fallecimiento, un 5 de agosto de 1987, su brillante obra dio suficiente para publicar tres libros, uno sobre su vida, un cancionero y un último libro de poemas cuyo título es “Motivaciones para la locura”.

No cabe duda de que Chava Flores fue ese espíritu, verdaderamente nacional, que nunca muere y el legado que dejó siempre será digno de llevarlo en tu memoria.