A continuación unos fragmentos del texto “Emancipación: Feminismo Contemporáneo Según un Pene”  del desconocido escritor Alberto Perea (un texto que permanece inédito porque no vale la pena leer a ese cabrón y menos tocando esos temas) mismos que comparto solo para explicar el fenómeno de las chicas flapper, que son mencionadas en otro artículo que encuentran aquí.

“…La mujer dentro de la sociedad cambió después del suceso conocido por los informados como Primera Guerra Mundial. El paso de la guerra había dejado una cruda moral que no se curaba ni con los chilaquiles más picosos, ni los consomés más calientes; era evidente la falta de varones en las ciudades y las féminas vieron este hecho como una oportunidad a la independencia…”

“…Hasta entonces fue que la especie humana salida de la costilla de Adán, mismas que no rebasaban las 30 vueltas al Sol, buscó conquistar el mundo. No eran más el sexo débil, eran ahora una oda al espíritu de la misma Voluptas, pero de aspecto inocente y frágil. Algunas decidieron  conseguir un proveedor masculino, mientras que a otras, la ausencia del patriarcado, de un jefe de familia y hombre de la casa, llevo a la mujer de clase media a emplearse para vivir. Muchas ya competían por lugares dentro de corporaciones o empresas medianas, a pesar de que solo les permitían ser secretarias, telefonistas o vendedoras de mostrador, otras aspiraron a ser estrellas de cine…”

“…Las chicas flapper eran el antónimo de la feminista aristócrata, no les importaba pertenecer a las altas sociedades, ni buscaban sobresalir por su intelecto y modales de alta etiqueta. Ellas lo que buscaban era la emancipación a través de la igualdad de género, no se desgastaban incriminando al macho, solo lo eliminaban siendo tan liberal y rebelde como uno.

Todas ellas adoptaron una nueva jerga al hablar, creando frases que hoy en día se encuentran vigentes en el habla común de los gringos. Para este tipo de féminas era indispensable estar a la moda, escuchar jazz, bailar el charlestón y hacerle honor al hedonismo (coger mucho y con quien quieran o, como dirían los mustios, liberación sexual). La sociedad conservadora se impactó de ver a las mujeres fumando cigarrillos, esnifando cocaína, conduciendo motocicletas o autos a toda velocidad, bebiendo alcohol -a pesar de su ilegalidad en aquellos años de ley seca- , tomando las riendas de su sexualidad y, por supuesto, vistiéndose con prendas que causaban revuelo para entonces.

Las tendencias que marcaron su imagen fueron las de cortes de cabello estilo bob cut (siempre teñido de moreno o rubio, jamás pelirrojo), accesorios como bolsos, joyería, guantes de seda, collares, sombreros, tacones altos, faldas a la rodilla y maquillaje –que solo era reservado para ser usado en las clases altas y en la prostitución-. Gracias a las flappers es que hoy el mundo tiene a Chanel y que la industria del vestido se abarató, justo en el momento en que renunciaron al corsé y comenzaron a utilizar sostén y fajas con medias, que después presentaría el mundo de la lencería con el nombre de ligueros; ese invento que ahora agradecen los hombres y fue pensado inicialmente como una ropa cómoda…”

“…El sexo casual no llamaba aun a la revolución sexual, que se manifestó décadas después, de hecho, mucho era solo un erotismo y pare usted de contar. Es mentira que esa chingadera conocida popularmente como el petting (un faje, un calentón, unos guapos, prender el boiler, partirle el queso al niño sin romperle el cacahuate, o en español, acto sexual sin penetración) es una cosa muy contemporánea. La realidad es que las flappers fueron quienes pusieron en práctica este tipo de actividades (meramente recreativas), desde que no tenían un marido a quien responder. Y aunque bien, no se llevaban a cabo masivas orgías como en épocas de Grecia, se reunían para las petting parties, en las que se valían los arrimones, pero solo ellas decidían con quien comer.

Así fue concebido el feminismo contemporáneo…”