David:

Me enamore de tu ausencia, del frío de tus caricias en las noches que mi mente merodea, errante entre alcoholes dulces, que mantienen firme al corazón con pedazos de cristales rotos y enmendadura barata.

Cargar en ellos los sobrantes de tu ego de mármol, David. Y aquello de lo que has carecido toda la vida mantenerlo como una tragedia que me dejó abatida.

Me enamore de los silencios largos y las llamadas cortas, de la insaciable necesidad de retenerte como al cigarrillo de hierba seca que por las noches fumo.

Amaré siempre tus labios, que solo se vuelven húmedos para el adhesivo de las cartas destinadas a la iletrada del suburbio que da al kilómetro veintiuno. Y todavía atreverte a negarme tus dedos.

Me enamoré de alguien que hoy desconozco, e irme es remedio para no llorarle a oídos sordos.

Contemplaré el paisaje donde se oye aún tu canto agonizante, terco hombre.

2017

Melómano por herencia; bailarín frustrado y con dos pies izquierdos; un vago sin remedio; escritor de dudosa calidad; redactor que olvida comas y acentos; baterista hasta cuatro compases; poetastro (de esos que apestan); cantante de regadera; director de cine y teatro en sus sueños; Pero eso si, a toda madre el vato.