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Hay libros que marcan, libros que dejan huella, libros que a pesar del tiempo siguen encantando como cuando se leyeron por primera vez.

Hay libros, historias que se siguen redescubriendo sin importar las veces que sean… la magia de unas líneas bien escritas hace que a través de los años las percibamos con un matiz distinto, llevando a la reflexión profunda que hace que ese vínculo con aquel libro en especial sea fuerte, ligado al sentimiento.

El Principito es uno de esos libros, uno de los que por excelencia son leídos en la infancia. Esta historia escrita por Antoine de Saint–Exupéry, que narra la historia de un niño príncipe, que se centra en la crítica sobre las cosas importantes de la vida, sobre la visión adulta de aquellas cosas, comparadas con la visión infantil. De una lógica bastante mordaz, como el dibujo icónico de la serpiente y el elefante: “es un sombrero”.

Expedición El Principito
«Expedición El Principito», Penguin Random House,/Editorial Sudamericana.

En ese redescubrimiento, en esa curiosidad por saber de dónde nace la idea, hay quien se deja seducir y va más allá del libro, viaja a las entrañas de la obra, del autor para saber más, para darle otro matiz para elevar de cierta manera el significado de la obra misma.

Irene Vasco, bogotana y experta en literatura infantil, en ese redescubrimiento literario la lleva a crear: ‘Expedición El Principito’, lleno de fotografías, mapas, ilustraciones, en donde el protagonista es Saint–Exupéry el aviador, donde también hay mucha geografía e historia y puedes apreciar la época en el que fue escrito El Principito.

El planeta B612, la metáfora de volar… soñar, explorar y volver, volver más maduro, más seguro para seguir redescubriendo el planeta en el que vives.

“Me hizo falta mucho tiempo para entender de dónde venía. El Principito, que me hacía tantas preguntas, nunca parecía escuchar las mías. Fueron ciertas palabras suyas, dichas por casualidad, las que poco a poco me revelaron todo”.

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