Fangoria, grupo compuesto por Alaska y Nacho Canut componen música para robots románticos rodeados de naturaleza muerta en una arquitectura efímera, han dado más de un salto mortal en este extraño viaje.

La escena de la cultura española underground es en parte responsabilidad de los grupos que surgieron con la denominada “movida madrileña”, y muy en especial a la reina de éste, representante de la contracultura y el estilo de los ochenta, surge la figura de Alaska, quien formó parte de los grupos más representativos de esta década como Los Pegamoides, Kaka de Luxe o Dinarama, ahora con su dúo Fangoria, junto a su compañero durante más de cuarenta años, Nacho Canut, son el vivo ejemplo de la perseverancia y el talento.

Canciones Para Robots Románticos es su último disco de estudio con el que vuelven a aparecer en la escena musical internacional, un álbum dividido en dos partes que representan bien el concepto del grupo, uno producido por Guille Milkiway y el otro por John Klein, cada uno dándole su toque a las canciones de Fangoria, el primero cuenta ya con otra producción en el Cuatricromía publicado en 2013, mismo número que comparte Klein, así que, según la regla de la triada, esperamos que la siguiente producción presuntamente llegue para inicios de 2019 cuente de nuevo con ellos.

Fangoria

“Canciones para robots románticos”, DRO/Warner Music Spain.

Pero Fangoria es más que una discografía que se puede resumir en buena o mala, involucran temas que ofrecen otra perspectiva para quien se encuentra escuchándolos, hablan de desamor, abandono, resignación, venganza, rabia, drogas, decoración de interiores y nostalgia. Es en esta última es en la que debemos concentrarnos para elaborar un análisis honesto del éxito de dichas canciones.

Para el dúo es completamente natural el paso del tiempo, la evolución de la industria y el cambio generacional que han vivido desde el 2009; precisamente es aquí donde entendemos que la edad significa solo un número, Nacho junto a Alaska, quienes son los autores de las canciones, se inspiran en ciencia ficción, cine de serie b, travestismo y decadencia, hay cierto encanto en lo bizarro, lo sublime de lo siniestro está latente en la imagen que proyectan, su concepto del futuro es relativo a las expectativas de los baby boomers que esperaban para este siglo vivir en el espacio y una utopía biónica.

Fangoria. Foto: DRO/Warner Music Spain.

Pero estamos en el proceso para llegar a algo parecido eventualmente, porque no queremos dejar algunas cosas, añoramos la imagen del Studio 54 y Warhol, el glamour de las pasarelas parisinas y la tranquilidad aparente de la ilustración. Esta sensación en el valor de la historia hace que las compañías discográficas se preocupen por volver a sacar discos en vinilo, porque el formato es más apreciable para coleccionar, atesoramos objetos que significan algo, aunque su utilidad ya no sea indispensable, algunos aman la música de los sesenta porque tiene un ritmo alegre pero rebelde, mismo que reproducen otros grupos contemporáneos para vender y estar en la tendencia.

Fangoria, a pesar de estar en un momento envidiable en la popularidad, han defendido constantemente su capacidad de reinventarse y ofrecer algo diferente al público que los sigue y sorprender al general, letras con significado que podemos bailar, que está bien extrañar lo que fuimos, lo que no tuvimos pero que a pesar de ello hay razones para esperar algo mejor del futuro.

Fangoria

Fangoria. Foto: DRO/Warner Music Spain.

Por ello, su música tiene una relevancia en la historia, se han arriesgado a producir sonidos que no suenan en la radio pero que significan algo, más allá de sus errores, su vida personal, Alaska y Nacho Canut entienden la música como una vía para llegar a un lugar, un puesto al que sujetarse, son dos personas de cincuenta años haciéndonos bailar una fiesta en el infierno, retorciendo palabras de amor mientras se va la vida pasar, intentando entender el mundo que nos dibujan, dejándonos entre mil dudas en el interior de una nave espacial abandonada, sin perdón, sin solución ¿fueron ellos los culpables o lo fuimos nosotros? Hay más por escuchar y que en algún momento nos harán recordar que Nueva York, hay alguien que no ha dejado de bailar.

Por eso le decimos a Fangoria ¡para no sufrir ni contigo ni sin ti! Volvemos a juntar los extremos, eternamente inocentes a fuerza de vivir, apreciamos las ventajas de olvidar porque de nada nos sirve criticar por criticar… porque al final, menos siempre es más.

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Teólogo estudiante de Letras Hispánicas, fan del Rocky Horror Picture Show. Punk de adolescente, homosexual de profesión nocturna. Humano en proceso de oxidación.

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