Un capítulo emotivo el que ofreció The Walking Dead este domingo (o lunes para quienes lo vieron por Fox Latinoamérica).  El último capítulo de Rick Grimes, que nos acompañó por nueve temporadas estuvo lleno de sentimientos encontrados, sabíamos de antemano que este personaje encarnado por Andrew Lincoln no iba más, aún así fue inevitable sentir tristeza.

Muchos coincidimos que fue el mejor cierre que le dieron a su personaje, como también fue lindo el homenaje en ese capítulo que se le rindió a Scott Wilson que encarnó al inolvidable Hershell.

Esas escenas que iban de la realidad al delirio donde Rick se reencontraba con sus compañeros fallecidos que le daban un mensaje de aliento, retoma al Rick heroico de la primera temporada. No podemos negar que la serie en ciertos momentos se estancaba dejando a un solo capítulo o en su defecto a unos cuantos minutos la ráfaga de acción.

Esta novena temporada en lo personal me ha gustado, sobre todo este capítulo donde se retoma el comienzo, el final es incierto y tanto héroes como villanos, redescubren su humanidad, su fragilidad… Ver a un Negan derrumbado rogando por su muerte, ante una Maggie decidida que lo deja vivo no tanto por arrepentimiento, sino porque para ella es más que suficiente verlo muerto en vida.

Se va Andrew y también se va Lauren, dejando las puertas abiertas. Con Lauren no se sabe, con Andrew esperamos gratamente las películas que giran en torno al universo The Walking Dead con guiones de Scott Gimple, la primera de estas tres películas se empezará a rodar en 2019.

Este capítulo me deja la imagen de Rick Grimes sobre su caballo, un héroe humano que le apostaba a ser justo y que tanto villanos como caminantes no pueden detener su andar.

Con broche de oro se cierra con la imagen de Judith Grimes, con el icónico sombrero y empuñando un revolver, salvando a un grupo de supervivientes, recordando y ensalzando la imagen de Rick y Carl, dejando en firme que ella continua el legado.

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