Hedoné:

Tu labio superior seduce con su resplandor purpura, caído de las orquídeas y las conchas del Pacifico a tu voluptuosa sonrisa.

A ti, Hedoné, que te he visto bailar sobre el eje de tu cintura, en la tinta policromática se dibuja tu piel con pinceladas de los óleos perdidos del serafín  que arde con tu tacto.

A ti que eres pasión y exceso enterrado en el cuenco de tus clavículas; no alejes tu caleidoscópica mirada que al anochecer se vuelve sinestesia y abduce mi cuerpo.

¡Orgia emocional!

De tu cabello rizo se desliza la gota platinada que atraviesa tu columna, posando en las monturas pecosas que desatan mis sentires más procaces.

Y si me aferro a tus tobillos, entregas las alas a la nube que graniza sobre tu ombligo en la tormenta technicolor.

Abril, 2017

Melómano por herencia; bailarín frustrado y con dos pies izquierdos; un vago sin remedio; escritor de dudosa calidad; redactor que olvida comas y acentos; baterista hasta cuatro compases; poetastro (de esos que apestan); cantante de regadera; director de cine y teatro en sus sueños; Pero eso si, a toda madre el vato.