El pasado 14 de julio, se conmemoraron los 100 años de nacimiento, del cineasta sueco Ingmar Bergman, (Upsala, 14 de julio de 1918 – Fårö, 30 de julio de 2007) un ícono en la cultura moderna, que sigue siendo un referente para cualquier estudiante o amante del cine como expresión artística. A través de su simbología, de la concepción de universos y de la exploración de las emociones humanas con precisión milimétrica, a través de la influencia de su padre, un pastor luterano, que le inculcó una educación basada en conceptos como pecado, confesión, castigo, perdón y misericordia, factores concretos en las relaciones entre padres e hijos, y con Dios, temas recurrentes en las tramas de sus películas, pues de alguna forma a pesar de su individualidad, mantenía cierto apego a la educación pueril, y así lo manifestaba en sus cintas, por un lado opacando esa infancia y adolescencia, y por otra cuestionando esa misma educación de valores a los que Bergman reprochaba con dilemas morales, recurriendo a conceptos metafísicos como la muerte, el amor, el dolor y la individualidad.

Fue influenciado por dos dramaturgos principalmente, Henrik Ibsen y August Strindberg, que le impusieron su sello a la obra de Bergman sobre temas como la desesperanza, el pesimismo, el agobio y la soledad.

Para Ingmar Bergman el cine es una autocrítica del ser humano, una exploración, también por la fascinación que significa entender y diseccionar cada una de las emociones y sentimientos que componen el alma. Generalmente, sus personajes son sus propios guías, a sí mismos se imponen su destino a partir de su introspección, viajan al interior de ellos mismos para desde dentro estallar en el exterior confuso, aquilatado y peligroso, que envuelve la esencia de sus personajes y desnuda emocionalmente al personaje, lo que logra combinar con un dramatismo a veces realista, otras veces simbólico, pues juega con las metáforas visuales, a través de la conciencia onírica o termina con una reflexión y un cuestionamiento que lo agobia, que lo desespera y lo aniquila.

Es que para Bergman, el destino de sus personajes, como de todo ser humano, recae en un principio de vida, muerte o reflexión, más allá de encontrar en su destino elegido, como una iluminación catártica que cambia el curso del personaje, es que su conformación mental y su pasado que lo harta hasta el delirio de encontrarse como perdido y abandonado, se refiere a “El hombre en busca de sentido” de Viktor E. Frankl quien en su libro determina como el ser humano posee la necesidad de encontrarle sentido a la vida. Y en esa misma hipótesis, Bergman se apoya en la filosofía pesimista y nihilista, trata la duda de la moral, la inexistencia de Dios como Nietzsche afirmaba, la irracionalidad del mundo y el sentido pesimista que Albert Camus veía a través de su protagonista en “El Extranjero“, además invoca en su pesimismo la tesis de Pär Lagerkvist también sueco y dramaturgo, presentando su obra “El hombre que pudo revivir” en 1939, de quien toma elementos como la angustia, el pesimismo y la desesperación, para desembocar en los dramas psicológicos, más que los espirituales por lo que Henrik Ibsen es su principal referente en cuanto a dramas psicológicos.

A partir de 1939 también presenta obras propias, como de diversos dramaturgos, lo que le permite obtener mayores influencias de aquellos a quienes homenajea poniendo en el teatro dramas de Moliere, Ibsen, Tenessee Williams, Kafka, Bertolt Bretch, Strindberg, Goethe, entre otros, que sin duda influenciaron en su filmografía.

A partir de 1944 inicia su carrera cinematográfica. Construye el guión de “tortura” basado en un cuento suyo y que finalmente dirige Alf Sjöberg. Desde entonces su producción fílmica no cesó, hasta su muerte el30 de julio del 2007. Destacan cintas como “Luz de invierno” (1963), “Fresas Salvajes” y “El Séptimo sello” (1957), “Persona” (1966), “Fanny y Alexander” (1982) “Sonata de otoño” (1988), por mencionar algunas.

Para comprender la complejidad de Bergman, dos especialistas Jordi Puigdomenech y Charles Moeller, clasifican su producción fílmica en 5 etapas principalmente, centrándose en:

  1. Obras de juventud o impresionistas, 1945-1948;
  2. De peso psicológico, 1948-1955;
  3. De contenido simbólico, 1956-1963;
  4. De expresión crítica, 1964-1980;
  5. De reconstrucción genealógica, 1981-2007.

Y es que a propósito de conmemorar los 100 años de su nacimiento, de disfrutar su obra íntima, reflexiva y a veces cruda, es necesario, encontrar en su obra un retrato impresionista del ser humano, cada reducto de su alma, en una condición sin sentido alguno, buscando su identidad, navegando en una realidad donde predomina la desdicha, la impotencia y la angustia, principalmente, porque el ser humano está inmerso en una conciencia seducida por el vacío y la duda. Es precisamente, que a través de la duda, pretende encontrar su destino y el sentido a su existencia.

Si te interesa conocer más de Ingmar Bergman, Cinemex está presentando un ciclo de cine del director sueco. Aquí las funciones que presentará, consulta tu cartelera para que conozcas horarios y en cuales complejos estará exhibiéndose.

Luz de Invierno” (Ya exhibiéndose)

El silencio

Gritos y Susurros

La Hora del Lobo

Sonata de otoño

“Persona”

 

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