El místico que tuvo gran influencia en la familia imperial rusa, fue asesinado en 1916. Sin embargo, terminar con su vida no significó una tarea fácil.

Gregory Efimovich Rasputín nació a principios de enero de 1869 en el pueblo siberiano de Pokrovskoye. Cuando era joven, mostró un gran interés en el misticismo religioso. Eventualmente abandonó a su familia y se fue a vivir a un monasterio cercano, donde leyó teología y debatió las Escrituras con los monjes. En 1890 afirmó tener una visión de la Virgen María que lo marcó como alguien elegido por Dios para un propósito mayor. Más tarde, comenzó a proclamarse como sanador espiritual, diciendo que a través de la oración podía curar enfermedades.

Conforme iba pasando el tiempo, Rasputín ganaba popularidad como sanador, llamando la atención del zar Nicolás II y de la zarina Alexandra que guardaban un secreto: su único hijo, Alexis, había nacido con hemofilia – enfermedad genética que impide la correcta coagulación de la sangre-. Cuando el niño se puso muy enfermo en 1907, y ningún médico fue capaz de curarlo, Alexandra decidió desesperadamente poner en manos la vida de su hijo a Rasputín, que visitó el palacio y en poco tiempo el niño mejoró.

Rasputin tuvo una relación cada vez más influyente con la familia real y un lugar  en la alta sociedad rusa. Alexandra se convenció de que Rasputín había sido enviado por Dios para salvar a su hijo, y finalmente se convirtió en un íntimo confidente de la zarina. Rasputin, a su vez, utilizó su nuevo favor para ejercer influencia social y política. Se convirtió rápidamente en una figura notoria, Tan notoria, que al hacerlo creó enemigos tanto políticos como religiosos, algunos de los cuales finalmente decidieron eliminarlo.

El primer atentado contra la vida de Rasputin tuvo lugar en el verano de 1914, cuando fue apuñalado en el abdomen en su pueblo natal de Pokrovskoye. Sobrevivió, pero su recuperación fue larga y pareció cambiarlo. Comenzó a beber mucho, afirmando que era más difícil enfocar sus poderes curativos, y se volvió extremadamente desconfiado de sus enemigos. Su sospecha estaba justificada, ya que en 1915 se descubrió un segundo complot de asesinato,  antes de que pudiera llevarse a cabo.

En 1916, la reputación de Rasputin estaba disminuyendo. El papel de Rusia en la Primera Guerra Mundial pendía de un hilo, y parte de la culpa, directa o indirectamente, recayó en Rasputin. Sus enemigos políticos se rebelaron contra la influencia indebida que tenía en la corte y comenzaron a difundir rumores  sobre su relación con la Zarina. La prensa rusa lo satanizó, la  familia real no pudo soportarlo, e incluso la gente en común se cansó de él.

Consciente de su baja reputación, Rasputin se preocupó por  la posibilidad de otro intento de asesinato. El agresor principal fue el príncipe Félix Yusupov, esposo de la sobrina del Zar. Yusupov, junto con otros cuatro hombres, decidieron invitar a Rasputín al Palacio de Yusupov en San Petersburgo. Considerando que el veneno era el medio más seguro de matarlo sin dejar rastro de asesinato, le ofrecieron té, pasteles y alcohol mezclado con cianuro, pero para sorpresa de los presentes no le hizo efecto el veneno. Simplemente comenzó a quejarse de dolor de cabeza y un estómago irritado.

Los conspiradores se impacientaron. Si no mataban a Rasputin pronto, no tendrían tiempo de deshacerse del cuerpo antes de la mañana.  Yusopov regresó al sótano con un revólver y disparó una sola bala al estómago de Rasputín a corta distancia. Rasputín cayó, parecía haber muerto. Sin embargo,  la bala no fue suficiente. Rasputin quedó tendido en el sótano durante casi una hora. De repente, abrió uno a uno sus ojos, se puso de pie, echando espuma por la boca, corrió  tratando de alcanzar la  garganta de Yusopov , lo empujó y huyó del edificio. Los conspiradores dispararon contra el hombre que huía. Esta vez, a Rasputin le dispararon primero por la espalda y luego por la cabeza a cierta distancia.

Al encontrar nuevamente tendido el cuerpo de Rasputín, en un ataque de ira, Yusupov tomó un palo y comenzó a golpearlo.  Finalmente, lo arrojaron en el río Malaya Nevka cuando todavía respiraba, y fue el agua helada la que finalmente lo mató.

La leyenda dice que Rasputín fue envenenado, disparado, golpeado y ahogado. La historia dice que posiblemente nunca fue envenenado, que murió de una bala en la cabeza, y que ni la golpiza ni el río jugaron un papel en su muerte. Lo indudable es que éste personaje fue una pieza fundamental en la dinastía Romanov, hacia la Revolución Comunista de 1917.