Morrison tiene mucho de poeta maldito como lo tiene Rimbaud, una conexión que iba ligada con la muerte.

Antes de ser un músico reconocido, Morrison ya era escritor con una estética extraña, visionaria y reflexiva, considerando a los sentidos como éxtasis que llevan a una experiencia mística.

Es interesante observar las influencias literarias de Jim que van desde la poética de Dylan Thomas, pasando por Baudelaire y Artaud, regalándole a sus versos crudeza, palabras orgiásticas que liberan el inconsciente, el comienzo de la transformación de los significados y los símbolos.

“El arte ha muerto”… eso afirmaba Jim, tal vez por medio de su poesía buscaba revivirlo o quizás darle un nuevo sentido al arte que a veces cae en un letargo sin sentido.

Afirmar con tal seguridad la muerte del arte muestra ese lado filósofico de Morrison, algo de Nietzsche había en él; es que un poeta, un escritor, un artista, no se limita.

Es encontrar esencia en lo que se llama existencia y plasmarlo en versos sutiles, viscerales, melódicos, con cierto desdén para dejar ver al resto del mundo que las puertas a la percepción se abren cuando la mente desea expandirse y ver más allá.

Morrison encarnaba al viajero errante en su poesía, ese viajero que busca la realidad perdida en palabras oscuras y poco convencionales.

Sus versos, su estructura gramatical, se proyectaba como una pintura psicodélica que se podía tocar, una pintura con un estilo muy propio, como un movimiento ‘a través del espacio y del tiempo’ para desplazarse a la libertad por medio de la imaginación.

El Rey Lagarto fue el poeta vidente, el poeta maldito, el poeta bohemio que ilustraba una realidad melancólica, concisa, profunda, escrita desde una mente alucinada y perceptiva.

Vale la pena dejarse contagiar por los versos de Morrison, sacarlos nuevamente para que aquellas puertas se abran y nuestra percepción sea modificada, revivir al arte… ¿Y tú ya leíste los versos del Sr Mojo Risin’?

Tags: ,

Related Article