Michi Panero “el escritor sin libros” ya tiene un libro

Michi Panero

“Entre escribir y follar, escogí follar” así le contestó el más pequeño de los Panero al periodista Javier Mendoza. Ahora, estrena su primer libro.


Michi Panero, en la época en la que escribió ‘Funerales vikingos’, a finales de los años 70. Fotos: Javier Campano.

Muy probablemente en tu vida habías escuchado sobre Michi Panero, el menor de una familia de escritores notables, entre ellos, uno de los últimos poetas malditos: Leopoldo María Panero, quien era hermano suyo. Michi también escribía, y era bastante bueno, sin embargo, para él la vida de escritor era una responsabilidad tan grande para una persona tan vaga, como se describía a sí mismo. Sus aportaciones a la cultura fueron más bien indirectas y sus pocas apariciones en pantalla lo mantuvieron como un fantasma ausente que a lo mucho inspiró tras su muerte a algunos cercanos y al propio Nacho Vegas en su canción “El Hombre Que Casi Conoció A Michi Panero”.

Pero como no todo en esta vida es Mario Benedetti, ni Gabriel García Márquez, llega por fin el primer libro de Michi Panero, tras 13 años de su último respiro.

Es así como les presento Funerales Vikingos, la opera prima del costal inédito de letras, entre las que se encuentran cuentos, artículos y textos dispersos rescatados y compilados por el periodista Javier Mendoza, quien fuera su hijastro por un tiempo y a quien le fuera entregado el 100% de sus obras, cual santo grial, a manos del mismo Panero, esto a finales de los 90.

De las diez o doce carpetas que le fueran entregadas a Mendoza, se han seleccionado en variedad solo algunos textos, en los cuales se puede observar a un artista muy letrado y seguidor de autores como Conrad, Verne, Borges, Dickens, entre muchos otros. El lanzamiento ocurre a la par del libro El Desconcierto: Memorias Trucadas, escrito por Javier Mendoza.

En este segundo título, el periodista narra su vida con Michi, la persona que vio Robocop en la misma sala de cine que él, así como los momentos difíciles tras la separación de Panero y su madre. Además, cuenta cómo le entregó, cual maestro, esa obra de la cual, parecía, se quería deshacer de una vez por todas y cuya excusa perfecta fue, según Panero, para darle ánimos y los cimientos necesarios para escribir.

“Un día le pregunté porqué jamás había publicado un título, el respondió: Entre escribir y follar, escogí follar, seguido de una sonrisa que no lograba esconder que sus ojos decían lo contrario”.