Natalia:

Jamás veré tus pies descalzos en la seda sepia de la playa.

Moriré hambriento de tus lunares en forma de diminutos girasoles.

Porque tu piel joven es aquella que arrullaba mis sueños ansiosos con la voz que ahora solo es recuerdo.

Y los tibios amaneceres no serán ahora sino el invierno.

Me abandonará la sangre si me encuentro con tus ojos.

Le diré al viento los recuerdos mejor guardados y las promesas jamás cumplidas; quizá nunca me escuche, pero tampoco me enjuiciaría.

Mientras tanto viviré en mis fantasías.

Viviré abrazando la sombra del pasado.

Pediré al destino y a los milagros que el recuerdo tuyo por mi amor sea ceniza tibia que pide renacer cual ave fénix.

 

Mayo, 2016

Melómano por herencia; bailarín frustrado y con dos pies izquierdos; un vago sin remedio; escritor de dudosa calidad; redactor que olvida comas y acentos; baterista hasta cuatro compases; poetastro (de esos que apestan); cantante de regadera; director de cine y teatro en sus sueños; Pero eso si, a toda madre el vato.