Hace pocos días murió Nicanor Parra el máximo exponente de la antipoesía, para algunos sobrevalorado, para otros un revolucionario de las letras.

En esta época donde la poesía romántica prima, donde los escritores abusan en abundancia de las mismas prosas genéricas, el antipoeta se hizo presente para bajar del pedestal a la ‘iluminada poesía’ para revolcarla en el fango y aterrizar los versos ilusionados.

La poesía no es la niña bonita que es creada para que sea solamente bella, la poesía también es sucia, brutal y transgresora, la poesía también es un grito de desespero, la poesía también tiene la capacidad de denunciar y anunciar.

Nicanor Parra puso sobre el escenario ese tipo de poesía que va en contra de lo establecido, haciendo uso de símbolos que fue su sello personal y adelatándose a la era digital, expresó de manera brillante y estrambótica que lo tradicional no siempre es la fórmula… en endecásilabos se burlaba de el elitismo literario.

Para Nicanor la poesía también podía ser imagen, podía plasmarse de forma diferente y romper con ese esquema estético y bien ordenado de versos que no rompen el hilo, tal como lo reflejó en su poemario ‘Artefactos’ (1972) que contiene más de 200 ilustraciones con mensajes cortos pero fuertes.

Nicanor Parra

Supo adaptarse a cada época y supo reinventarse de tal manera que su prosa sigue vigente para los pocos que lo conocemos. Aunque le fue negado varias veces el premio nobel, este genio de la pluma dejó como legado los versos que derrumbaron al escrito convencional e intelectual.

Chile no solo tuvo poesía, también tuvo antipoesía, que buena falta hace ahora que parece que las artes han entrado en crisis por falta de recursividad, ingenio y prosas memorables.

Hace falta antipoesía para ver el lado feo del verso, apreciar la crítica, la sátira y la burla… Yo soy antipoesía ¿y tú?

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