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Y tú… ¿Columpios o resbaladilla?

Ya sea un delicado o fuerte vaivén, como un péndulo al trabajar en su máquina, o un subir y bajar deslizándote tan rápido como pudieras hacerlo; hablo de dos juegos, éstos se encontraban en los parques de esta enorme ciudad, uno era el columpio y el otro la resbaladilla.

Pero no tan solo te encontrabas con estos dos juegos infantiles en los parques, existía una enorme variedad de ellos, había; sube y baja, volantines, pasamanos, esferas donde trepabas; subías y bajabas, juegos de metal donde dabas vueltas y vueltas.

La diversión pareciera que nunca terminaría, pero solo bastaba la llamada de tu mamá o de algún hermano, hermana mayor, para que esa ilusión desapareciera y emprenderías el regreso a casa.

El ir a un parque podía ser cualquier día; entre semana o los fines de semana, en la mañana o en la tarde, incluso, saliendo de la escuela y camino a casa, y todo dependía del humor o felicidad de quien te llevara.

Por supuesto que lo disfrutabas aún más, en la compañía de tus amigos o vecinos, o con la familia, ya que podías subirte, treparte, correr, saltar, junto a ellos, sin que te cansaras de hacerlo, una y otra vez se repetía, sin ningún inconveniente.

Los columpios eran los favoritos, al menos en mi caso, porque incluso, cuando querías ir al parque, decía: vamos a los columpios, y también incluían a los demás juegos.

Existían muchas suertes para columpiarte; lo podías hacer sentado, parado, con otro amigo, solo o que te empujaran; fuerte o ligero, hasta llegar al cielo.

Otro de los juegos que siempre hay en un parque, son las resbaladillas, donde pasas increíbles momentos, subes una y otra vez, y no importa que haya fila y que tengas que esperar.

A veces resulta que en los parques hay resbaladillas rotas, y eso sí que es peligroso, pero luego no te importa, pues quien no se subió a una, estando en mal estado.

En la resbaladilla también podías hacer suertes maravillosas; bajarte de frente y rápido, o parado y abajo otra persona, o hacia atrás, o acostado, todos en bola, haciendo como un trenecito, de verdad que la pasabas muy bien.

En ocasiones, las encontrabas mojadas, pero con que te dieras unas tres vueltas, ya con eso las secabas y como si nada hubiera pasado, ah pero cuando llegabas a casa, bien que se daban cuenta, pues los pantalones los traías con una ligera mancha que solito lo delataba.

Pero por juegos no parabas, y el sube y baja era importante, solo que aquí tenías que estar acompañado, ya que es un juego de dos; mientras uno sube, el otro baja y viceversa, y que tal cuando alguien subía y te dejaba caer de forma precipitada, el azotón que te dabas.

Y de los volantines que me dicen; vueltas y vueltas y más vueltas, que luego ibas a dar a no sé dónde, y aparte bien mareado, pero terminabas riéndote de lo que habías hecho.

Otros que tampoco fallaban en los parques y que a la fecha los sigo viendo, son los pasamanos; unos altos, otros no tanto, unos d colores y otros descuidados. Son utilizados frecuentemente por todos aquellos que hacen ejercicio.

Muchos eran los juegos que nos divertían y nos entretenían, y no necesariamente se tenía que pagar por ellos, pues estaban en todos los parques de la ciudad, esperando a que todos los niños fueran y jugaran con ellos.

Además se mantenían en buen estado, los pintaban y los arreglaban cada vez que sufrían un desperfecto, porque no faltaba quien le hiciera daño.

Es triste ver ahora, que hay menos parques y que los que aún están, ya no cuentan con todos esos juegos que en mi infancia me dieron tanta felicidad y tanta alegría, junto a todos mis amigos.

Yo te pediría que si ves de estos juegos, por favor dile a tus hijos que los conserven, pues son para ellos y que así podrán disfrutarlos el día que quieran visitarlos, y tener un gran día jugando y corriendo y saltando y dando rienda suelta a su niñez.

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