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Lo que más brilló en los Globo de Oro fue el monólogo de Ricky Gervais, tanto, que todavía se habla de ello.

Algunos lo catalogan como una patada en los bajos a la élite de Hollywood, aunque hay quienes piensan que no es tan rebelde ya que los organizadores sabían con antelación de dicho discurso.

Puede que ambos tengan la razón, pero no le quita que lo que dijo Gervais es cierto. Hollywood y sus premiaciones son tan políticamente correctos e hipócritas que ya comenzaron a aburrir.

Este discurso de puro humor negro más preparado que un yogurt deja en evidencia que el discurso ‘progre’ ya no está convenciendo y la razón del hastío es la continua represión hacía todo el que piense diferente a sus intereses.

Es gracioso porque a pesar de los dardos lanzados, no se dejó de escuchar discursos ‘progre’ durante casi toda la transmisión: “es hora de votar”, tampoco se puede dejar pasar por alto el discurso sin lógica de Michelle Williams justificándose tras la cortina de la libertad feminista de la tercera ola.

Por el contrario, Joaquín Phoenix dijo también su par de verdades, dejando en claro que todo es por publicidad y que es hipócrita que las celebridades griten su discursito de calentamiento global mientras a la vez se desplazan a recibir un premio en su avión privado.

Puede que algunos califiquen a Gervais como el bufón de la corte, pero quizás ese bufón esté abriendo de nuevo las puertas al humor negro, porque repito, se expuso el nivel de ridículo al que llegó Hollywood. Eso sí, cabe recordarle a la élite que no puede usar el sarcasmo recargado en nuestra contra para hacer lo mismo que hicieron con los lobbys, el humor negro es rebelde y arrogante.

¿Puede que afecte a los premios Oscar? Quizás. Cabe recordarles a los nominados que: “si ganan, agradezcan a sus representantes, a su Dios y váyanse a la m…”

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