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Kilometro de reciclaje

Científicos del Real Instituto Tecnológico de Melbourne, de Australia, desarrollaron una innovadora técnica con la que lograron reciclar grandes cantidades de cubrebocas y transformarlos en material de construcción, con lo que se reduce el impacto ambiental derivados de la pandemia de coronavirus.

Como resultado de una investigación sobre las posibles aplicaciones de las mascarillas quirúrgicas, especialmente en el campo de la construcción civil, los académicos descubrieron que al mezclar mascarillas desechables trituradas con escombros de hormigón procesados, se obtiene un material de alta calidad para construir carreteras.

En un estudio publicado recientemente en la revista Science of the Total Environment, los investigadores señalaron que el producto obtenido se comportó adecuadamente cuando le fueron practicadas pruebas de resistencia a la tensión, al ácido y al agua.

Además cumplió con las especificaciones de seguridad de ingeniería civil en cuanto a las pruebas de deformación y sus propiedades dinámicas.

Asimismo, estos expertos estiman que, por cada kilómetro de carretera de dos carriles construida con este material, se deberían reciclar aproximadamente unos 3 millones de cubrebocas, lo que evitaría que cerca de 93 toneladas de estos terminen en un vertedero, o peor aún en los océanos.

«Este estudio inicial examinó la viabilidad del reciclaje de mascarillas de un solo uso en carreteras y nos entusiasmó descubrir que no solo funciona, sino que también aporta verdaderos beneficios de ingeniería», comentó Mohammad Saberian, líder de la investigación.

Actualmente, se calcula que alrededor del mundo son desechados diariamente alrededor de 6 mil 800 millones de cubrebocas; por lo que Saberian espera que su trabajo «abra la puerta a nuevas investigaciones, para estudiar si otros tipos de equipos de protección individual también serían adecuados para el reciclaje», señaló.

Vale la pena recordar que América Latina y el Caribe es una región que cada día produce 541 mil toneladas de basura, de las cuales el 90% no se recicla. Se prevé que para 2050 este problema aumente un 25%, de acuerdo con la Perspectiva de la Gestión de Residuos en América Latina y el Caribe, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Además, de acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en un día, una sola persona trabajando en áreas COVID-19 puede requerir hasta 16 cambios de guantes, cuatro batas, cuatro cubrebocas desechables, una mascarilla N-95 y cubrebotas, lo que debe multiplicarse por 6 a la semana.

Afortunadamente hay iniciativas como la del Real Instituto Tecnológico de Melbourne, pero sin lugar a dudas aún nos queda mucho camino por recorrer en este ámbito, y definitivamente es una razón más para utilizar cubrebocas lavables, y seguir quedándonos en casa.

Por Fer Moctezuma