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Se acabaron los tampones

El 25 de junio del 2019 se publicaron en la Gaceta Oficial de la CDMX diversas adiciones y reformas a la Ley de Residuos Sólidos capitalino, que tienen como propósito combatir los productos plásticos de un solo uso.

Desde el primero de enero de 2021 se dejaron de comercializar, productos desechables de un solo uso como los cubiertos de plástico, aunque podrían quedar exentos si los mismos fueran elaborados con materiales compostables.

Sin embargo, en días recientes cientos de usuarias en redes sociales comenzaron a manifestar su inconformidad por el hecho de no poder encontrar sus tampones en ninguna alcaldía de la Ciudad de México.

Ante esto Mariana Robles, secretaria del medio ambiente aseguró que estos productos “no son realmente indispensables”, mismos que se dejaron de comercializar, entre los que destaca el aplicador de plástico de los tampones.

Por su parte, Alessandra Rojo de la Vega, legisladora local, sugirió que al tratarse de un tema de salud pública, el Estado -entidad compuesta por territorio, sociedad y Gobierno- debería entregar gratuitamente estos productos a quienes lo necesiten.

Asimismo, Rojo de la Vega apuntó que “la copa menstrual es una excelente alternativa completamente amigable con el medio ambiente, incentivemos su uso para reducir la contaminación.

¿Por qué no hemos exigido al Estado que reconozca la menstruación como un tema de salud pública, que debe ser atendido y que deben entregar de manera gratuita productos para la gestión menstrual?”, cuestionó.

Más allá de temas políticos, en Looking Back nos preguntamos ¿cuál es el impacto ambiental de estos productos de higiene íntima? Y encontramos que tanto una toalla femenina como un tampón pueden tardar en degradarse hasta 800 años; teniendo en cuenta que una persona menstruante utiliza entre 10 mil y 15 mil toallas y tampones durante toda su vida reproductiva, la huella ambiental resulta enorme.

Sin embargo, hay quienes rechazan en lo personal el uso de la copa menstrual, pues señalan que resulta incómoda, complicada, antihigiénica y, en el peor de los casos, la han calificado de dolorosa.

Si bien es cierto que todos estos productos dejan un alto impacto en el medio ambiente, vale la pena recordar que otros como botellas de refresco, envolturas de pan y galletas, cajetillas de cigarros y hasta los condones, por mencionar algunos ejemplos, tienen igual o peor huella ecológica en nuestros ecosistemas, y hasta ahora no hemos visto que se gestionen regulaciones para estos plásticos “necesarios”.

Por Fer Moctezuma