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Una obra maestra, es la frase que define la película del Joker. Es difícil escribir sin soltar un spoiler, esta maravilla de película tiene tanto, deja tanto, que quieres explorar cada detalle, desde el guion excelentemente escrito hasta la magistralidad interpretativa de Joaquín Phoenix.

El Joker es el villano por excelencia, un villano que paradójicamente encanta por su brutalidad, por su personalidad ultraviolenta y caótica, por hacer del uso de la sonrisa para mostrar de manera teatral la realidad abrumadora.

Es inevitable no nombrar al Joker de Heath Ledger, no por la comparación -no se pueden comparar-, es porque, dejó a este personaje tan alto, que pensamos que no habría otro actor que por lo menos le llegase a igualar en sus calidades interpretativas. Ledger logró sacarlo de las páginas del cómic para darle esencia real.

Con el anuncio de Joaquín como el Joker, los avances, esos bocados que dejaban con ganas de más, muchos le pusimos toda nuestra fe para que el Joker no fuera un intento fallido. Fe que no fue en vano, porque don Joaquín la sacó del estadio y con creces.

Y si Ledger sacó del cómic al Joker, Joaquín lo humanizó en su totalidad, tanto que empatizas con él, tratas de entender cada una de sus emociones, sientes su risa como si fuera la tuya y ves su tragedia tan cercana, que te aterriza a esa tragedia humana de muchos que la sociedad se encarga de invisibilizar.

Dejarle la carga de la glorificación de la violencia a esta película es injusto y absurdo, pues como dice Phoenix: “No creo que sea responsabilidad de un cineasta enseñar moralidad al público, usa tu jodida cabeza”.

Con la cabeza bien puesta y abiertos a la reflexión, los invito a que la vean. Créanme, es la mejor película del año.

Por último, quisiera dedicar este artículo a alguien muy especial para mí: Hey, tú… ¡gracias!

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