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Toda la familia reunida para celebrar la noche buena y darle la bienvenida a la navidad; los papás, tíos, primos, hermanos, sobrinos y algunos otros invitados se reúnen para festejar con gran gusto y júbilo una noche especial, la noche buena y enseguida llegará la navidad, brindemos como cada año.

Empecemos por organizar todo, todo lo que corresponde a un chico de entre 10 y 15 años, puesto que la comida y los regalos era para los grandes, uno esperaba ese momento para abrir el regalo y saber que nos había tocado.

Desde los días anteriores ya estabas nervioso por saber a quién le habías tocado y quien sería el que te iba a dar ese regalo que con gusto esperabas, en eso del llamado regalo sorpresa.

Éramos alrededor de unos 6 o 7 niños, entre hermanos y primos, y siempre jugando, corriendo, saltando, de un lado a otro.

Nacimiento del Convento de la Inmaculada Concepción en San Miguel de Allende. Foto: bpperry, 2014.

Oíamos el ruido de la plática, de las risas, del movimiento de los vasos, y una que otra vez nos gritaban y nos decían: qué hacen, dónde están, no se vayan lejos.

Nosotros éramos felices jugando, no siempre lo hacíamos en familia, y ésta era la oportunidad, de ir y venir, de divertirnos como nunca, antes que la cena llegara, pues se nos acababa el tiempo para el juego y había que comer juntos en familia.

Llegaba la hora de la cena, de comer todo lo que habían traído, y era variado, entre Romeritos, Bacalao, Pavo, Pierna y alguna ensalada, obviamente como niños, pues es difícil que te comas de todo, siempre habrá algo que no te guste.

Foto: Antonio Díaz.

Pero ustedes lo saben, las mamás a la antigua, hacían que te comieras todo, aunque no te gustara, sí lo recuerdan, ¿verdad?

Entonces comías un poco de todo, les contare que yo soy muy tragón y no era difícil para mí, comerme todo, el problema era para una de mis primas que hasta lloraba porque nomás no se lo comía.

Después de la cena, venía lo bueno, el brindis y el intercambio de los regalos, mismos que se encontraban debajo del árbol de navidad, todos se veían tan bonitos, que querías que no se abrieran o que por lo menos te tocara el más grande.

Foto: Orbon Alija.

Para ser sincero, era mejor que el regalo fuera juguete y no ropa, a los niños siempre nos gustan más los juguetes. Y ahora, ya vendría la hora de saber quién era el que te iba a regalar, rogando que fuera benevolente y que el regalo fuera bueno.

Después de los regalos viene el brindis, en el que todos dicen algo; bendiciendo, dando buenos deseos, prometiendo, y sobre todo comprometiéndose que serán mejores para el próximo año, al final nos toca a nosotros, a los niños, donde también prometemos portarnos bien durante todo el año.

Por Arturo Trejo
@cronicabanqueta

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