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Solo Elvis podía tener un lujoso jet privado con microondas, asientos de terciopelo, entre otras cosas. Pero solo un fan pagaría medio millón por él.

Al rey del rock le gustaban dos cosas aparte de las mujeres: Los Cadillac y los jets privados. Tenía toda una colección de ambos y no fue sino hasta apenas, que un jet de su propiedad pasó de estar varado en un estacionamiento, durante 35 años, a formar parte de la colección de un fanático que no se conforma con los discos del astro.

Foto: Liveauctioneers.

La aeronave en cuestión es un Lockheed Jetstar del 62, y entre sus características se encuentran algunos detalles en madera con tintes dorados, una alfombra roja, microondas, butacas tapizadas de terciopelo rojo y sistema de sonido estéreo de alta fidelidad. Eso sí, está bien jodido porque ni motor tiene (o sea que no puede volar), la cabina de piloto ya está más maltratada que Anjelica Houston y su carrocería, curtida por el sol, le ha dejado un color muy gacho.

Los fanáticos hacen todo por tener algo del rey

Aun así, todo esto no le importó en lo más mínimo a un fan como para haber pagado 430 mil dólares con él, y ni hagamos conversiones de cuánto es en pesos mexicanos, porque es un chingo, fácil es el equivalente a vender tus pulmones, tu hígado y todo el esperma desde que tuviste tu primer eyaculación hasta ahora, juntos. Casi medio millón de dólares; lo cual, a pesar de todo, es una ganga, porque ni al mismísimo Elvis le costó eso y a su anterior dueño le costó 700 mil dólares.

Foto: Liveauctioneers.

Así que si este desconocido hombre quiere revenderlo en un futuro, o simplemente elevar su precio, basta con que le dé una buena restauración y su valor se eleve al infinito.

Por cierto, esta adquisición fue hecha en una subasta llevada a cabo en California y el lugar donde paso el avión los últimos años fue en una pista de aterrizaje (terrestre, no ovni) en Nuevo México.

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Melómano por herencia; bailarín frustrado y con dos pies izquierdos; un vago sin remedio; escritor de dudosa calidad; redactor que olvida comas y acentos; baterista hasta cuatro compases; poetastro (de esos que apestan); cantante de regadera; director de cine y teatro en sus sueños; Pero eso si, a toda madre el vato.

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