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Violencia es violencia y punto.

Lo sucedido esta semana entre Amber Heard y Jhonny Depp deja sobre la mesa un tipo de violencia que desafortunadamente es invisibilizada: el maltrato hacia el hombre.

No es para burlarse, ni mucho menos para minimizar la hombría de quien es víctima (nadie debe ser violentado, NADIE).

Las verdades suelen ser odiosas, pero deben ser lanzadas a la cara para que los que les gusta vivir vendados vean la realidad. Si bien es cierto que la ley de violencia de género ha coadyuvado a que varios casos de mujeres violentadas se lleven ante la justicia, no se puede negar que algunas valiéndose de tal ley buscan sacar provecho. Y sacan provecho porque los hombres son víctimas del maltrato judicial, en el que el hombre se ve sometido por el solo hecho de ser hombre, ya que a la mujer por ser mujer se le debe creer, cuando en la praxis es la EVIDENCIA la que inculpa o exonera.

Violencia de género, cuando la víctima es mujer; violencia doméstica, cuando la víctima es un hombre. Le pregunto a los legisladores: ¿por qué la desigualdad? No me vengan con eso de que a la mujer la matan por ser mujer, (la cual la estadística es mínima, pues en su mayoría se debe a violencia intrafamiliar); porque viendo la situación jurídica en otros países, al hombre lo condenan por ser hombre, (el hombre ante la ley es el más desprotegido, un ejemplo son los casos de custodia).

Lo sucedido con el señor Depp es una clara muestra que la presunción de inocencia la cambiaron por la presunción de culpabilidad y que un simple señalamiento sin dejar que la justicia haga su trabajo basta para arruinar una vida.

Gracias al espectáculo de las falsas víctimas, a las verdaderas víctimas no se les cree (no debemos olvidar a los niños, victimizados por cuenta de la enajenación parental).

La violencia no tiene género, la ley debe proteger al más vulnerable sin importar el género y la justicia debe ser imparcial (dura lex, sed lex).

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