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Volvemos a la década de los ochenta, yo tenía más de 10 años, digamos unos 15, y el refresco no era tan común en las casas; cuando se comía, se acompañaba con agua, quizá hacerla de alguna fruta, al natural era lo mejor.

Foto: Denio Rigacci.

Había algunos refrescos de sabor que en ocasiones nos llegaban a comprar, cuando tomabas refresco era entonces una ocasión muy especial.

A veces en las fiestas familiares, cuando salías a comer a algún lugar, cuando se organizaba comer tipo pic nic, unas más en las reuniones escolares, en ese tipo de fiestas o convivios era cuando llegábamos a tomar refresco.

Recuerdo algunas marcas de aquellos tiempos, algunos sabores especiales, y hasta de algunas botellas con características, también muy especiales.

Quién no se acuerda por ejemplo, del Orange Crush, con su delicioso sabor a naranja, con una botella que bien podías utilizar de instrumento musical, llamado güiro.

Una deliciosa Chaparrita, con un envase también chaparrito, así muy gordito, en tres sabores de los que siempre me acordare: uva, mandarina y piña.

Y de esa misma casa, tenemos a la Sangría Señorial, un sabor muy especial, un toque de uva pero mucho muy sabroso.

Y qué decir de los Boing, que eran los que por costumbre pedías, porque eran de fruta natural, al menos así lo decía el comercial; el de mango, mi favorito, pero también estaba el de tamarindo, el de guayaba; todos muy ricos.

Y aquí hay que hacer notar que los había de vidrio y también en triángulo, el cual al final, lo inflabas para poderlo tronar.

Recuerdan entonces el Pascual; sí, su nombre completo era el Pato Pascual, de muchos sabores, los de uva siempre triunfaban.

Al igual había otro, llamado Lulú, que era como la figura de la Pequeña Lulú de las historietas.

Todavía nos faltan muchos, que no se nos olviden los Jarritos, con una extensa variedad; yo prefería los de tamarindo y en dado caso el de limón, que más bien era lima – limón.

Los Barrilitos, con sabores únicos, el de ponche era delicioso, al igual que el de piña. Otro sabor delicioso era el de toronja, de la marca Del Valle, el cual tenías que agitar para que la pulpa se disolviera y al tomarlo su sabor fuera genial.

Dentro de los de uva el favorito estaba en los Delaware Punch; ah, cómo lo recuerdo, el sabor aún está en mi memoria.

Dejamos dos para el final; uno se trata del Titán, también con sabores característicos, siempre lo veías en los puestos de tacos, de cualquier lugar, y ahí mismo estaba un delicioso Mundet rojo, también había de limón, que era blanco, o mejor dicho transparente.

Seguramente me faltaron muchos, además todos estos que nombre, pues son de la Ciudad de México, porque también hay de otras partes, recuerdo el Yoli de Acapulco, un refresco muy grande, que de chico no llegabas a terminártelo.

Pero sé que ustedes me ayudaran a nombrar otros más, y así yo también los recuerdo y me comprometo a no olvidarlos.

Por Arturo Trejo
@cronicabanqueta

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