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Yo era muy pequeño en la década de los setenta, y precisamente de eso se trataba, era mi época de pedirles a los reyes magos los juguetes que te traerían en la madrugada del 6 de enero; la ilusión, y el sueño, se conjugaban en esa enorme y eterna noche.

Ya a finales del mes de noviembre y a principios y durante todo el mes de diciembre, ya más o menos sabias cuales eran los juguetes que le ibas a pedir a los tres reyes magos; Melchor, Gaspar y Baltazar, pues ya lo habías pensado muy bien en todos estos días.

Avenida Juárez, diciembre de 1963.

Entonces te portabas bien, comías súper bien, obedecías en todo a papá y a mamá, hacías tu tarea a tiempo, y tratabas de no hacerlos enojar, para que vieran los reyes magos que eras una excelente persona.

Ah, porque de no ser así, te decían tus padres; pórtate bien o no te traen nada, obedece porque te están viendo, y después también te decían, come porque si no vienen los reyes y se llevan tus juguetes.

Era todo un ritual aquella noche del 5 de enero, antes de irte a dormir; ese día era eterno, pensabas y pensabas lo que sucedería en la noche, aseabas perfectamente tus zapatos, ya que era costumbre ponerlos junto con la carta debajo del árbol de navidad, otros lo hacían a la entrada y otros más en la ventana.

La redacción de la carta era con una gran bienvenida hacia los reyes magos, antes de pedir lo que tenías que pedir, que eran tus juguetes. Muchas de ellas aún las conservo, y eso que se las habían llevado ellos mismos, pero aparecieron en un gran veliz en casa.

Cabe mencionar que dicha carta, tenía como encabezado siempre una frase, al menos las que yo hacía: Queridos Reyes Magos.

Dibujo: Pabo Chumbi.

Los podíamos ver en la Alameda Central, te podías tomar fotos con ellos, podías platicar con ellos, pedirles ahí mismo, tus juguetes, ellos te respondían y te decían que si te habías portado bien, te los traerían.

Foto: Fondo Casasola, 1958.

También estaba, aunque en menos cantidad; Santa Claus, aquel gordito simpático, vestido de rojo y con una gran risa.

Estaban los dos, pero a decir verdad, en aquella época eran los tres reyes magos los de la preferencia de los mexicanos, al menos de la clase media en toda su extensión.

Fue la época en la que llegó Santa Claus a México, pero no todos teníamos la posibilidad de que fuéramos visitados por él, ya que nos decían que él era para otros.

Dentro de la escuela, y con los vecinos, la gran mayoría teníamos el mismo nivel económico, por lo que no era tan notorio o tan importante que Santa Claus, fuera el que te trajera los juguetes.

Yo siempre fui cliente de los tres reyes magos, y la verdad que bonita experiencia, los recuerdos son enormes, mis hermanos y yo, disfrutábamos tanto aquel día que nos la pasábamos jugando desde la mañana y hasta la noche.

Ahora, antes de irme a dormir el 5 de enero, pienso en esas noches eternas, donde soñaba a los reyes magos y los juguetes que nos pudieran traer, despertaba a cada rato, inquieto, y mi hermano me decía; duérmete que aún no llegan.

Por: Arturo Trejo
@cronicasbanqueta

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