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Por allá de 1982, se inaugura un parque de diversiones, el más grande de América Latina le llamaron, al sur de la Ciudad de México, en el Ajusco para ser preciso, y con una mascota, un dinosaurio rosa, llamado Cornelio.

Muchos niños éramos los que íbamos a Reino Aventura; a conocerlo, a disfrutar de sus juegos, de toda esa aventura tal y como lo decía su nombre.

Un reino en el que había una mascota; un dragón, el cual se puso de moda, pues vendían llaveros, sudaderas, playeras, paraguas, lápices, plumas, encendedores, colores, etc., todo llevaba su imagen.

Había juegos sin límite, de todo tipo, para todos los gustos; desde sencillos hasta complicados, tú decidías a cual subirte, por supuesto que había reglas y normas, y eran muy estrictas.

Tenías que estar preparado para todo; para las alturas, para el mareo, por si te mojabas, por si había hambre, de todo tenía el parque, estabas en el mejor de los lugares en el que un niño podía estar. Existían diversos pueblos, los cuales eran divertidísimos todos; el mexicano, el polinesio, todos con cierta temática, que siempre encantaba, nos divertía a lo máximo.

Y había una figura estelar, así es, se trataba de una ballena, grande, negra con blanco, que arrojaba agua a los invitados, y que obviamente, a nosotros nos gustaba, se llamaba Keiko, la orca.

Fue protagonista de una película, que se llamó «Liberen a Willy», que seguramente la vimos todos, aún la recuerdo y sí me gustó. Un día entero no bastaba para visitar todo el parque, tenías que llegar muy temprano y salirte hasta tarde para aprovecharlo al máximo, pues siempre pedías más.

Keiko y Jason James Richter en «Free Willy», Warner Bros. (1993).

Ya para el año 2000, el parque había cambiado de nombre, ahora se llamaría Six Flags; siguieron algunos juegos, otros cambiaron, definitivamente la mascota, emblema del parque ya no era Cornelio, ya la habían cambiado, los recuerdos ya no eran los mismos.

Nosotros tampoco éramos los mismos, pues habíamos crecido, ya no lo disfrutamos de la misma manera, pero los siguientes niños si se divertían, si gozaban su estancia, si era un parque sensacional para ellos.

El nombre cambió y se llevó parte de nuestro pasado, de aquellas historias que recordaremos siempre y que estarán en nuestras mentes cada vez que hacemos memoria y que con gusto platicaremos a todos aquellos que quieran saber de una infancia feliz y muy divertida.

Por: Arturo Trejo
@cronicabanqueta

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