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Almudena Grandes

El pasado 27 de noviembre, a los 61 años fallece la escritora española Almudena Grandes, no solo se dedicó al mundo de la literatura, también fue columnista para el diario El País, correctora y algunas veces participó como tertuliana para la cadena SER.

La madrileña ganadora del premio Rossone d’Oro quien estudió geografía e historia, dedicó gran parte de su vida a la literatura.

Si le das un vistazo a su recorrido literario, te darás cuenta de que tiene bastante material para enriquecerte.

El crítico literario Ángel Basanta destaca su forma de contar las historias desde un punto de vista introspectivo, donde se puede apreciar de manera completa la complejidad del personaje que abarca todos sus conflictos y les impregna de cierta memoria subjetiva: “La capacidad fabuladora para contar historias con tensión argumental e intensidad emocional, con muchos personajes que representan el tejido de la vida”.

Dentro de sus obras podemos mencionar: «Las tres bodas de Manolita», «Malena es un nombre de tango», «El lector de Julio Verne», «Atlas de Geografía Humana», entre otros.

Su obra más conocida, «Las edades de Lulú», que ha tenido un buen número de ediciones, ha sido traducida a varios idiomas, sin olvidar mencionar que tuvo su adaptación al cine por Bigas Lina en 1990.

En esta novela en particular, Almudena Grandes desarrolla un lenguaje erótico que podría decirse, es transgresor debido a su fuerte temática donde se retrata la doble moral, la sociedad de la época y el descubrimiento de las perversiones, todo esto aderezado con ciertos visos políticos.

Este libro ganador del premio La Sonrisa Vertical (editorial Tusquets), muestra de manera inteligente la crudeza, lo explicito, una realidad dura, repleto de instintos y deseos intensos, profundos, destructivos que viven cada uno de sus personajes.

Almudena nos deja su ser impregnado en letras para que, a través de sus novelas y su poética, no olvidemos el lado más tierno y tosco de nuestro ser.

“Habíamos sido felices caminando sobre una cuerda floja, habíamos florecido en una infección de contradicciones, nos habíamos encontrado en un laberinto de paradojas sin mirar nunca al suelo, sin mirar nunca al cielo, sin mirar”.