El show de terror de Rocky: del fracaso al mito

El show de terror de Rocky nació como un absoluto fracaso crítico, pero esta joya se transformó en un triunfo histórico y un refugio eterno para la libertad.

El camino hacia la inmortalidad cinematográfica está lleno de giros inesperados y, a menudo, comienza con un rotundo rechazo en las salas de cine. Cuando se analiza la historia de las producciones de culto, existe un nombre que resuena con una fuerza nostálgica inigualable por su audacia y su capacidad de transformación. El show de terror de Rocky no nació siendo el gigante cultural que es hoy; de hecho, sus primeros pasos estuvieron marcados por la indiferencia de la crítica y el abandono del público general, una combinación que parecía condenarlo de forma definitiva al olvido en las estanterías de los archivos cinematográficos. Sin embargo, el destino tenía preparado un vuelco absoluto para esta obra irreverente.

Con el paso de las décadas, lo que comenzó como un tropiezo monumental se convirtió en un triunfo histórico y un refugio de libertad para miles de personas que encontraron en sus fotogramas un espacio de pertenencia único en el mundo.

El nacimiento de una idea nacida de la necesidad

Para comprender la magnitud de este fenómeno, es imperativo retroceder hasta el año 1972, un momento de profunda incertidumbre para el creador de la obra, Richard O’Brien. Tras ser despedido de la producción londinense de Jesus Christ Superstar de Andrew Lloyd Webber debido a que al productor no le agradó su interpretación del Rey Herodes, el actor y músico británico se encontró en una encrucijada laboral decisiva. Con su hijo Linus recién nacido y sin perspectivas de trabajo como actor, O’Brien contempló seriamente la posibilidad de regresar a Nueva Zelanda, donde había vivido en su juventud, para buscar un empleo tradicional.

Fue en ese periodo crítico cuando los estudios EMI invitaron a O’Brien a interpretar algunas canciones en la fiesta de Navidad de la empresa. Para esa ocasión, compuso un tema titulado Science Fiction/Double Feature junto con unos veinte minutos de chistes. Aquella presentación era, en realidad, una prueba personal para determinar si debía abandonar su carrera artística o continuar insistiendo. La cálida recepción de los asistentes lo motivó a quedarse un tiempo más en el ambiente creativo.

Animado por ese pequeño logro, O’Brien comenzó a desarrollar la historia principalmente para entretenerse a sí mismo, dando forma a un musical que a él personalmente le gustaría presenciar. El estilo elegido estuvo fuertemente influenciado por las películas de Carry On, una franquicia de comedia británica enormemente popular y pícara de la época.

Su intención era abordar la sexualidad a través de la ciencia ficción e intercalar canciones en la trama. El resultado de ese esfuerzo creativo fue la creación de una historia singular sobre Brad y Janet, una pareja recién comprometida que busca refugio en el castillo del científico loco Dr. Frank-N-Furter durante una tormenta. La trama se complica cuando el doctor da vida a su criatura muscular, Rocky, enredando a los personajes en un cuadrado amoroso, mientras el mayordomo y la sirvienta alienígenas conspiran para regresar a su hogar en el espacio exterior.

Rocky horror teatro
La obra de teatro original, titulada inicialmente They Came From Denton High, también contaba con Tim Curry en el papel del Dr. Frank-n-Furter. Foto: Publicity Picture.

El salto de los escenarios británicos a la gran pantalla

Antes de su llegada a las salas de cine, la producción tuvo su origen en los escenarios de Londres. El estreno teatral se llevó a cabo en el Royal Court Theater el 19 de junio de 1973. La obra fue un reflejo directo de su tiempo, alimentándose y respondiendo a los movimientos de la contracultura de la década de 1960, la liberación sexual y gay, y la segunda ola del feminismo.

El show de terror de Rocky
Un cartel que promociona las funciones de medianoche de El show de terror de Rocky en Merced, California, en enero de 1978. Foto: Robin Adams vía Wikimedia Commons bajo CC BY-SA 3.0.

O’Brien y Jim Sharman, quien dirigió tanto la versión teatral como la adaptación cinematográfica, habían colaborado previamente en piezas de teatro experimental que prepararon el terreno para este nuevo proyecto. Entre estas producciones previas se encontraban Hair, Jesus Christ Superstar y Oh! Calcutta!, una revista teatral que exploraba temtas maduros con desnudez prominente y elementos de glam-rock. Aunque O’Brien proyectó inicialmente que el público de la obra desaparecería a las cinco semanas del estreno, la pieza se convirtió en el boleto más codiciado de la ciudad, trasladándose a teatros más grandes como el Chelsea Classic Cinema y el King’s Road Theater, donde permaneció en cartelera hasta marzo de 1979.

El éxito teatral impulsó la adaptación al cine, extendiendo ligeramente el título original. La película se estrenó en los Estados Unidos el 26 de septiembre de 1975 y el resultado inicial fue desastroso. Las audiencias convencionales de la época no estaban preparadas para ver al Dr. Frank-N-Furter, interpretado por Tim Curry, derrochando magnetismo en liguero y corsé. El largometraje se proyectaba en cines familiares los domingos por la tarde, lo que provocó que fuera retirado de la circulación masiva en apenas unas semanas. Paralelamente, su paso por Broadway en marzo de 1975 también resultó un fracaso, cerrando tras solo 45 funciones debido al rechazo de un público teatral más tradicional en el Belasco Theater.

La transformación nocturna en las salas de cine

El verdadero milagro comercial comenzó gracias a un pequeño grupo de seguidores devotos en Los Ángeles que asistían continuamente a las proyecciones de medianoche. Al notar esta constancia, el ejecutivo de marketing de Twentieth Century Fox, Tim Deegan, propuso exhibir el largometraje en sesiones de medianoche en el Waverly Theater de Nueva York a partir del 1 de abril de 1976. Este recinto ya era conocido por proyectar películas alternativas a altas horas de la noche.

En este lugar, una comunidad fija de unas 50 personas empezó a reunirse cada viernes y sábado, convirtiendo la asistencia a la película en un ritual social que incluía cenas previas y celebraciones posteriores. Al presenciar el éxito en Nueva York, la distribuidora expandió las funciones nocturnas a ciudades como Austin, Seattle y diversos campus universitarios. Un ejemplo notable de esta permanencia es el Clinton Street Theater en Portland, Oregon, que ha proyectado la cinta semanalmente de forma ininterrumpida desde 1978.

Con el tiempo, el público dejó de ser un mero espectador para convertirse en parte activa del espectáculo. Las canciones pegajosas y los diálogos de estilo de serie B propiciaron que los asistentes gritaran sus propias líneas en respuesta a las escenas. Hacia 1978, surgieron los llamados “shadow casts” o elencos espejo, grupos de fanáticos disfrazados que recreaban de memoria las acciones y diálogos de los personajes justo en frente de la pantalla mientras la película se reproducía a sus espaldas.

El show de terror de Rocky
Los fans hacen fila para una proyección de medianoche de El show de terror de Rocky en mayo de 1983. Foto: Frank Lennon / Toronto Star vía Getty Images.

El legado imperecedero de un clásico de culto

Hoy en día, la relevancia cultural de la obra es indiscutible. Con un presupuesto inicial de aproximadamente un millón de dólares, la producción cinematográfica ha recaudado una cifra estimada entre 116 y 160 millones de dólares a nivel mundial, consolidándose como la película con el periodo de circulación continua más largo en la historia del cine.

Para conmemorar su quincuagésimo aniversario, el Roxy Theater organizó una convención de fanáticos, acompañada de una experiencia de gira que recorrió 55 ciudades de Estados Unidos y Canadá. Estas proyecciones interactivas contaron con la participación de miembros del elenco original como Barry Bostwick, Patricia Quinn y Nell Campbell, además de un reestreno en cines con proyecciones especiales de canto sincronizado.

A pesar de que Richard O’Brien reconoce con cierta nostalgia que no obtuvo grandes ganancias financieras directas de las millonarias recaudaciones que generan las proyecciones continuas, manifiesta un profundo orgullo por el impacto alcanzado. El autor atribuye la longevidad de la obra a su estructura de cuento de hadas atemporal que reconforta al espectador, permitiéndole disfrutar del viaje cinematográfico con absoluta comodidad.

El show de terror de Rocky
Tim Curry, Pierre Bedenes, Christopher Biggins, Gaye Brown, Ishaq Bux, Stephen Calcutt, Nell Campbell, Hugh Cecil, Imogen Claire, Rufus Collins, Sadie Corre, Tony Cowan, Fran Fullenwider, Lindsay Ingram, Peggy Ledger, Annabel Leventon, Anthony Milner, Richard O’Brien, Pamela Obermeyer, Patricia Quinn, Tony Then, Kimi Wong, and Henry Woolf en El show de terror de Rocky (1975). Foto: Mick Rock – 20th Century Fox.

Un hogar eterno para la identidad y la memoria

A través de las décadas, El show de terror de Rocky ha demostrado que el cine posee el poder extraordinario de sanar la exclusión y construir comunidades inquebrantables. Aquella lencería fina, el corsé brillante y la androginia desafiante del Dr. Frank-N-Furter no eran solo elementos decorativos o provocaciones estéticas de una época; se convirtieron en un faro de aceptación absoluta para la comunidad queer y para todos aquellos que se sentían marginados por las normas sociales de su tiempo.

Al mirar atrás, entendemos que este fenómeno no se limita a la nostalgia de una era pasada, sino que representa la victoria de la autenticidad sobre el rechazo. Cada función de medianoche sigue siendo un espacio seguro donde el pasado y el presente se abrazan, recordándonos que, sin importar cuán extraños nos sintamos, siempre habrá un lugar en el mundo donde seremos bienvenidos tal como somos.

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