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A qué niño no le gusta el chocolate, pero el buen chocolate; y cuando nosotros éramos niños, existían muchos, entre ellos estaban dos buenísimos, uno caro y el otro más económico, se trata del chocolate Carlos V y del chocolate Presidente.

Ambos chocolates eran fabricados por una antigua chocolatera, de gran tradición; pues aparte de esas marcas, hacía muchas más, como el chocolate Abuelita, por nombrar otro. Se trataba de La Azteca, ubicada en Ferrocarril de Cintura de la CDMX.

Fabrica de Chocolates La Azteca.

La Azteca fue fundada en 1919 por los hermanos Francisco y Raymundo Gonzalez en Orizaba, Veracruz, y en 1930 se trasladó a la Ciudad de México. Llegando a ser la empresa líder en venta de chocolate en México, al punto que en 1988 adquirió a otra empresa fabricante de chocolate, a Larín.

Y fue en la colonia Morelos donde se estableció, en la calle de Ferrocarril de Cintura, con un gran mural en su fachada, que aún se conserva, siendo ahora una unidad habitacional, al pasar por ahí se percibía un olor inolvidable e inigualable.

Comencemos mencionando a su producto estrella, el chocolate Carlos V, chocolate macizo, un sabor excepcional, autentico sabor a chocolate, en todos sus sabores y presentaciones; lo había, de leche, amargo, semi amargo, las envolturas eran de colores.

Se lo comía uno saboreándolo, poco a poco; yo no lo mordía, pues se me acababa muy rápido; mejor chupándolo, disfrutando cada momento.

Carlos V es llamado El Rey de los Chocolates, y por supuesto que se merece dicho título; fue un chocolate riquísimo, y digo fue porque ahora su sabor nada que ver.

Tenía una envoltura de papel, color café que hasta olía a chocolate también, y que incluso, las coleccionábamos o las guardábamos entre los libros o cuadernos; era de buen tamaño la golosina, un tamaño perfecto para ese antojo.

El nombre de Carlos V, es en honor al Rey Carlos I de España, y V del Sagrado Imperio Romano Germánico, así es, de Alemania.

Ahora vámonos con el chocolate Presidente, de sabor también riquísimo, de un precio más económico, lo que nos hacía comprarlo con mayor facilidad.

Su presentación venía en varios tamaños; una tableta enorme que se dividía por cuadritos, lo que nos podía facilitar al comerlo, ya que íbamos cuadrito por cuadrito, también lo había de tamaño regular, tipo Carlos V, y hasta en polvo para combinarlo con leche.

Con un empaque de colores vivos, donde predominaba el naranja, letras grandes con el nombre de presidente, y no podía faltar el logotipo de chocolates La Azteca; incluso, lo ibas desprendiendo poco a poco para no maltratar la envoltura y mucho menos al chocolate.

Y también había Chispas de Presidente, que eran deliciosas, tipo Hersheys, pero la verdad esas fueron primero y mucho más ricas, chocolate 100 por ciento, sin tanta grasa.

Recordemos un comercial de ese chocolate, donde dos niños participaban, la niña le decía al niño:

«Hola, me voy a comer mi presidente yo solita…» ¿Ya lo recordaron?

Donde al final le decía: «Ah sigues ahí… Hola, me llamo Tere, yo me llamo Lalo».

Era divertidísimo, lo recuerdo muy bien, porque yo era como de la misma edad, entonces como que me identificaba con el niño.

Dos chocolates que marcaron nuestra época, que endulzaron nuestras infancias y que pudimos saborear, que recuerdos y que sabores.

Como esos chocolates jamás he vuelto a probar, fueron comprados por una compañía más grande, más poderosa, internacional, pero que nunca le llegó al sabor original, quizá por sus ingredientes, que solo quieren buscar las ganancias y no satisfacer los gustos de los compradores.

Ahora hay otro tipo de chocolates, con más grasa vegetal, mas saborizantes y colorantes, pero no con ese sabor inolvidable que aun tenemos en nuestras mentes.

También existen buenos chocolates pero mucho más caros, ya que son artesanales; afortunadamente son chocolates mexicanos, de eso sí estoy orgulloso.

Por Arturo Trejo
@cronicabanqueta

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