María Bonita: El mito del dark synth cabaret en México

El panorama contracultural de los años ochenta en la Ciudad de México resguarda pasajes de profunda experimentación sonora, y entre ellos destaca María Bonita, una propuesta que desafió las etiquetas convencionales a través del misticismo y la vanguardia.

La memoria musical de un país suele concentrarse en los grandes fenómenos de masas, pero los verdaderos cimientos de la innovación se construyen en los sótanos de la escena independiente. En 1984, los hermanos Mario y Mateo Lafontaine unieron sus inquietudes creativas para dar vida a un concepto inaudito: María Bonita. Esta agrupación se consolidó como un referente de pureza artística, adoptando el sonido del dark synth cabaret en una época donde la tecnología y la provocación escénica apenas comenzaban a entrelazarse en el territorio mexicano.

Inspirados por agrupaciones fundamentales de la vanguardia europea y norteamericana como Suicide, Soft Cell y Psychic TV, los Lafontaine concibieron un espacio donde los sintetizadores fríos dialogaban con una interpretación vocal cargada de dramatismo. Bajo esta premisa, la alineación original distribuyó las tareas de forma clara: Mario se encargó de las letras y las líneas vocales, aportando una fuerte presencia escénica, mientras que Mateo asumió la responsabilidad de la arquitectura musical y la ejecución de los teclados.

El desconcierto y el impacto en el debut de mayo de 1984

El punto de partida de este viaje ocurrió en mayo de 1984, teniendo como escenario la librería Gandhi de la Ciudad de México. Aquella noche inaugural estuvo marcada por una atmósfera de alta tensión emocional. El propio Mateo compartiría años más tarde que los nervios experimentados en esa velada superaron por mucho las sensaciones de sus proyectos previos. No era para menos; el público asistente se topó con una propuesta que rompía de manera tajante con los cánones de la época.

María Bonita

El desconcierto inicial de los asistentes fue evidente. La audiencia no lograba procesar de inmediato la ejecución de una pieza descrita como un breakdance peculiar, titulada “El Break de las Navarro”. Este tema consistía en un sentido tributo a las hermanas Navarro, aquellas singulares artistas que cantaron y bailaron twist durante la década de los sesenta, recordadas popularmente como las parejas cómicas en los espectáculos de televisión en blanco y negro de Viruta y Capulina.

María Bonita
Walter Schmidt, Mateo y Mario Lafontaine en el debut de María Bonita.

A pesar de la extrañeza inicial ante la mezcla de referentes retro y modernidad electrónica, el talento histriónico de Mario logró disipar las dudas. Su capacidad para apoderarse del escenario transformó la incertidumbre general en un disfrute pleno por parte de los espectadores. Durante esa histórica presentación, el repertorio fluyó con composiciones como Payasito Gutiérrez y la primera versión de Dulce Mentira, una pieza que en ese momento carecía de los arreglos y sintetizadores que posteriormente definirían su acabado final.

Un recorrido por los templos del underground mexicano

La primera etapa de María Bonita con su alineación fundacional se extendió únicamente por un periodo de dos años. No obstante, ese breve lapso bastó para dejar una huella imborrable en los recintos más emblemáticos de la contracultura de la capital mexicana. El dúo llevó su propuesta a espacios míticos que hoy forman parte de la mitología urbana, tales como el Club 9, el Tutti Frutti, El Ágora, El Hijo del Cuervo, La Casa del Lago y Rockotitlán. Asimismo, sus sintetizadores resonaron en los escenarios de El Hábito, El Imperial y el Museo del Chopo, consolidando su reputación en circuitos donde la libertad creativa era la única norma.

A pesar de la excelente recepción en el circuito subterráneo, la agrupación nunca llegó a concretar una grabación a nivel profesional en su momento de mayor actividad. El destino de María Bonita experimentó una pausa debido a un distanciamiento personal y profesional entre Mateo y Mario, originado principalmente por la incorporación de este último a las filas de Televisa en el rol de director de arte.

A pesar de la falta de un álbum de estudio formal, el testimonio de su creatividad sobrevivió a través de veinte demos registrados de forma casera en cassette. Con el paso del tiempo, el valor histórico de estas cintas se reconoció formalmente al ser prensados seis de estos temas en formato de vinilo y plataformas digitales.

El reencuentro inolvidable y el legado posterior

La separación no extinguió el vínculo creativo. El amor compartido por la música y la expresión artística propició que los hermanos Lafontaine dejaran atrás sus diferencias en 1989. El motivo del reencuentro fue una petición especial de Mario a Mateo para devolver a la vida a María Bonita por una sola noche. El artista Aldo Flores se encontraba en vísperas de inaugurar El Salón Des Aztecas, un espacio multidisciplinario diseñado para el arte independiente, y consideraba que el dúo era el proyecto estelar ideal para engalanar la noche de apertura.

Décadas más tarde, la nostalgia y el respeto mutuo convocaron a los músicos una vez más. En 2014, María Bonita concretó un breve pero significativo regreso a los escenarios, ofreciendo dos espectáculos especiales que permitieron a nuevas generaciones presenciar la vigencia de su propuesta de cabaret oscuro. El reconocimiento a su obra continuó manifestándose con los años, especialmente cuando su emblemática composición Rezo El Rosario comenzó a ser incluida en diversas compilaciones discográficas dedicadas a rescatar el sonido clásico de la electrónica nacional.

Los caminos divergentes de los hermanos Lafontaine

Tras la disolución del concepto original de María Bonita, cada uno de los integrantes construyó una trayectoria sumamente respetable y prolífica en distintos ámbitos de la cultura y el entretenimiento:

Mario Lafontaine: Expandió su influencia en la comunicación y el diseño, trabajando como director de arte y director creativo asociado en agencias internacionales de publicidad de gran renombre como Young & Rubicam y Ogilvy and Mather. Su paso por los medios de comunicación abarcó veintisiete años de labor constante en Televisa, desempeñándose como actor, conductor, director de imagen y productor asociado. Asimismo, colaboró activamente como especialista musical junto a Horacio Villalobos en señales televisivas como Telehit, 52MX y ADN 40.

En el apartado gráfico, diseñó la identidad visual de más de sesenta discos para figuras primordiales de la música en español como Caifanes, Fobia, Timbiriche, Garibaldi, Caló, Pandora, Kabah y Ricardo Arjona. Su faceta como locutor de radio ha recorrido estaciones como GritaRadio, Ruido Blanco y W Radio, manteniendo actualmente su voz vigente en Mix FM e iHeart Radio de Grupo Acir, colaborando junto a Arturo López Gavito.

Mario Lafontaine Arturo López Gavito
Actualmente, Mario Lafontaine conduce Old’sKool junto a Arturo López Gavito.

Mateo Lafontaine: Dirigió sus esfuerzos de vuelta a la trinchera sonora y en 1985, en complicidad con Carlos García, fundó DÉCADA2 (proyecto concebido originalmente bajo el nombre de Década Hoy, en un aparente homenaje a la canción Decades de la banda británica Joy Division). Esta nueva aventura musical se convirtió en su acto más célebre, siendo catalogado por investigadores y críticos como el primer grupo de Electronic Body Music (EBM) surgido en México, además de ser auténticos pioneros en el desarrollo de los géneros industrial y techno en la región. Mateo continuó su ruta como un arquitecto del sonido hasta su lamentable fallecimiento ocurrido en octubre de 2020.

Década2
Mateo Lafontaine y Carlos Garcia, integrantes de Década 2.

El paso del tiempo suele ser implacable con los proyectos efímeros, pero la huella de los hermanos Lafontaine permanece resguardada en las cintas magnéticas y en la memoria de quienes habitaron la penumbra de los clubes ochenteros. La aventura de María Bonita no se mide en discos de platino ni en estadios llenos, sino en la valentía de haber edificado un puente sonoro inexplorado, uniendo la melancolía del cabaret con la crudeza de las máquinas. Su historia es el eco eterno de una época donde la música se vivía sin concesiones y con el corazón expuesto a la noche.

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