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Había una frase muy popular entre la chamacada, entre los jóvenes de la década de los sesenta, y hasta la fecha, que decía más o menos así… Ya se supo, que tus calzones te los compraron en la Conasupo, obviamente era solo por aquello de la rima.

Hablemos un poco de la historia de la Conasupo; se crea a principios de la década de los sesenta, con el nombre de Compañía Nacional de Subsistencias Populares, y junto a ella se crea también La Compañía Hidratadora de Leche, que posteriormente se le conocerá como Liconsa.

Esta tienda se hace con el propósito de dar sus productos de forma más económica; el objetivo era fortalecer la siembra y venta del maíz, producto base de nuestra economía.

Dichas tiendas en un principio, se encontraban en partes lejanas a las ciudades, pero después se fue llenando el país o varios estados de la República con estas pequeñas tiendas.

Dentro de la gran variedad de sus productos, se encontraban unos con su propia marca, eran llamados los de marca libre, tenían la marca de la Conasupo y eran aún más baratos.

Había de todo, se especializaba más en productos de primera necesidad, ya que para ello se creó, pero también había hasta discos en algunas tiendas, las más grandes.

Algunas se encontraban en las esquinas de las calles, hechas de lámina, pintadas con sus característicos colores, blanco, rojo y algunas veces, crema o beige.

Por donde yo vivía, existía una tienda en un vagón de ferrocarril, es decir, que al vagón lo hicieron tienda, estaba en la esquina de calzada de los gallos, junto al plan sexenal de la colonia Popotla.

Ahí nosotros comprábamos nuestra despensa; jabón de tocador, detergente, sopas, frijol, arroz, gelatina, etc., y como les habia dicho, el frijol y el arroz eran marcas propias de la Conasupo.

Las bolsas en donde ponían los productos, eran con el logotipo de la tienda, por supuesto que los demás sabían pues donde habías comprado tu mercancía, y ya era motivo de bullying, jeje.

Junto a estas tiendas Conasupo, siempre o casi siempre, se encontraba una lechería; a ella se asistía con una credencial, que desde muy temprano comenzaba a repartir la leche, la venta de cada litro era mucho más económica que en cualquier otra tienda.

Ibas con tu bote, te formabas, y en los despachadores llenabas según los litros que se compraran, hasta 4 litros te daban chance.

Ya al salir de la lechería pasabas a la tienda y vendían un delicioso pan, que hasta a la fecha recuerdo su sabor y me encantaba.

Quién no fue a la Conasupo a comprar sus cosas, y también quién no se formó en esas largas filas para pasar por su leche.

Por Arturo Trejo
@cronicabanqueta

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