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Amy Winehouse, la niña de la rosa roja

Grandes artistas con el alma rota cuyo legado los vuelve inmortales y su arte es leyenda… para qué hablar el cómo murió o cómo terminó, si podemos rememorar su obra cual si fuera un disco de vinilo de esos de la vieja escuela.

La niña del soul que supo marcar nuestra alma con su música dulce que nos deja esa esencia a nostalgia. Un alma quebrada siempre tiene algo qué decir, algo que el alma nunca olvidará. Ella la poeta maldita del rock, la que le fue fiel a la frase mítica de James Dean: “vive deprisa, muere joven”.

Una bendición haber tenido el placer de deleitarnos con su magia, una tragedia haberla perdido tan pronto… la vida es cruel, la vida es extraña e incomprensible.

Nunca está de más recordar su obra, una obra que nos recuerda que el arte verdadero no está muerto y que la buena música no tiene edad.

Cómo no recordar Back to Black que hace referencia a su relación sentimental o Rehab que inteligentemente habla sobre sus convicciones y sus problemas, de su negativa a una rehabilitación: “han tratado de hacerme ir a rehabilitación, pero no iré”.

Canciones escritas desde lo más profundo de su ser que relatan cada momento, cada sentimiento, exponiendo sus vicios, su vulnerabilidad acompañada de su voz emotiva hecha blues, hecha soul, hecha jazz…

Juzgar su dolor, sería automáticamente juzgar el nuestro, porque quién no ha tenido un desengaño, quién no ha caído en el vicio, a quién no le han sido infiel… ella con su arte descarnado se convirtió en nuestra catarsis en esta existencia que a veces pareciese que está plagada de sufrimiento perpetuo.

“La música me permite ser sincera hasta el punto de que hay canciones que me niego a cantarlas porque me resultan muy duras”. Escuchar su música es recordar que tienes alma. ¡Salud, donde quieras que estés, Amy!