fbpx

Al día de hoy no he tenido la fortuna de conocer a una madre como la mía, que a pesar de tener de esposo a un hombre de acero, más que por fuerte, porque era herrero, jamás mostró un solo rastro de debilidad.

Podría incluso jurar que era ella, a ojos de la sociedad, quien llevaba los pantalones de la casa. Nunca me intimidé por su temperamento masculino; a decir verdad, aún me cuestiono sobre qué sería de mi si no me hubiera dado mis chanclazos, que bien merecidos los tenía.

Podría decirse que tuve a mi jefa y a mi viejo en el mismo ente, y no porque fuera una madre luchona, dejada y crédula ante la promesa de unos cigarros que no volvieron de la tienda de la esquina. Tampoco es que fuera muy normal tener una madre que rayaba los sesenta y tantos cuando yo solo tenía diez; pero ha sido muy interesante todo lo que en mi ha sembrado.

La primera lección que de ella aprendí fue su manía por decir las cosas sin andarse con mamadas; escupir la honestidad pensante que en su saliva pulveriza aquellos pelos de la lengua. Después me enseñó a separar la ropa blanca de la oscura; y si la blanca tenia manchas oscuras había que tallarlas a mano, así me sangraran los nudillos, hasta que brillara como perlas; esta costumbre la perdí desde hace tiempo.

Y cuidado me saliera en bicicleta los sábados sin haber planchado cada una de mis prendas. Orgulloso estoy de que a mis siete años era impecable en esos gajes tras el homicidio incendiario de tres camisas de la escuela…

…Ahora que recuerdo la matanza de las telas, viene a mi memoria que mi madre me enseñó también que el amor era como un pantalón roto del tiro, a la altura geográfica entre el ganso y el asterisco, que bien puedes tirarlo a la basura o coserle una bonita y bien hecha enmendadura. Y yo, como alma joven a quien nunca habían roto el corazón, aprendí el arte del zurcido y unas que otras puntadas mamonas que no sirven cuando me perforan el miocardio.

Fui atendido, criado, alimentado y educado por una mujer que podría ser heroína de las películas posmodernas más progresistas del siglo veintiuno; y a pesar de todo me considero un mal hijo al abandonarle en un asilo atendido por un dueño pocas pulgas; de actitud ególatra y superficial.

Después conocí a la mujer que me parió, pero de ella no tengo mucho que decir. Con el tiempo, eso de la cocinada tuve que aprenderlo con el hambre; y a pesar de ser vistas como raras mis habilidades, estoy seguro de que, por alguna extraña razón, me fueron concedidas para hacer de mi a un verdadero hombre; solo falta encontrar, si es que llega, a la mujer que lo valore.

Así que si a mí me lo preguntas, yo solo pienso que mi jefa, sin duda alguna, es a toda madre.

Tags:
Melómano por herencia; bailarín frustrado y con dos pies izquierdos; un vago sin remedio; escritor de dudosa calidad; redactor que olvida comas y acentos; baterista hasta cuatro compases; poetastro (de esos que apestan); cantante de regadera; director de cine y teatro en sus sueños; Pero eso si, a toda madre el vato.

Related Article